Un relato una reflexión...

DESVARIOS EN LA VIDA

Relato reflexivo:

Desvaríos en la vida

Hoy me he despertado soñoliento a las 5:30 de la madrugada, y aún el sol no se levanta. De pronto en el baño de mi alcoba, un tarro, un empaque, un diseño de colores y una marca.

Y llega una imagen fugaz y pasajera, venida del confín de los recuerdos. Una marca, SC JOHNSON. Siempre la confundía con JOHNSON & JOHNSON, ambas tan importantes, tan americanas, tan potentes.

Cientos de millones de dólares en ventas, y cómo la Organización ganaba buen dinero, con las ventas de esas ilustres marcas. Era una imagen fugaz y transitoria, que recordaba con orgullo, orgullo pasajero, ingrávido y volátil, como el recuerdo del sutil aroma de una flor que ya ha desaparecido.

En aquellos días de antaño, cómo era yo de importante, cómo dominaba el tema, cómo daba órdenes y revisaba resultados, exigía resultados, nada de habladurías, ni retoricas de clase alguna, nada te temas políticos, ni lírica, ni vana poesía, ni escritos alegóricos a emocionales ámbitos, firmados con pérdidas de tiempo. Solo importaban cifras, resultados, nuevos proyectos, nuevas metas, objetivos concretos y enfoque en dichos resultados y al final, ganar un buen dinero, ese era el mejor y único premio al esfuerzo detentado.

Y sentir ese orgullo del buen desempeño gerencial y saber que era un buen ejecutivo empresarial, para siempre y por siempre jamás… —¿Será?

De pronto, sin saber muy bien en que momento, todo eso había desaparecido. Quedó un vacío de sentido y escasez de contenido, en aquellos resultados fatuos y en aquellos alcances importantes con pies de barro y ausencia de valor trascendental.

Ahora, un cielo despejado en un amanecer soleado, ha cobrado un valor inmenso. Tiene pleno sentido el sol de la mañana, el aire fresco de un bello amanecer, el caminar por el campo con el olor a bosque recién amanecido, e incluso, un atardecer con olor a prado lloviznado. El canto de los gallos, el zumbar de los insectos, el mugir de las vacas, la imagen del ordeño, la compañía de los perros, el vuelo de las aves, la alegría de las flores que sienten tu presencia y te regalan los momentos de la intensa sensación de la belleza, sin precios ni etiquetas, y un crepúsculo nostálgico de soles refulgentes que evocan bellos momentos transitorios que ya nunca volverán… o no, por lo menos de igual forma.

Ya las marcas en el rostro, las blancas barbas y las sabias plateadas cabelleras, te recuerdan que no es momento de vanas ilusiones, ni de tesoros con pírricos valores inventados por los hombres, que obnubilados por la fama y la riqueza fútil, ponen precios indecentes a las cosas por tener y poseer y a los efímeros actos valientes de los hombres, hombres perdidos en las luchas por alcanzar aquellos valores sin valor, y aquellos alcances ilusorios, que otros hombres han signado como metas importantes por intentar lograr.

“SC JOHNSON y JOHNSON AND JOHNSON”  “Y cuantas otras más” —pensaba—, eran las grandes multinacionales, tan importantes, y además, qué importantes aquellas reuniones matutinas de altos ejecutivos con corbata, de análisis de marketing y de lograr convencer a todo el personal de arduos vendedores, de la importancia de aquellos portafolios, con premios y concursos para alcanzar las metas. Un televisor, una nevera, una buena bicicleta, eran las imágenes que predominaban en las salas de ventas y que los vendedores menos experimentados veían como inalcanzables y los más duchos ya contaban como un hecho cumplido, el llevarlos a sus casas para orgullo de sus hijos y mujeres.

Hoy todo eso ha perdido verdadero sentido, y ahora, los nuevos compañeros de luchas y batallas más bien intelectuales, me reclaman otras cosas, en temas diferentes. Por ejemplo, me reclaman que no siga lineamientos políticos, que siendo poeta en desarrollo, no tenga a la izquierda partidista, como bandera incólume de mis anhelos altruistas.

Dicen aquellos, que ser de derecha es un contrasentido, sinónimo  de las malas personas, y que ser de centro es como decir con cierto grado de vergüenza que no eres “ni chicha ni limoná” y que eso es mucho peor que ser un peón del terrorismo. De otra parte, los del otro extremo, te exigen que no caigas en las garras de lo más incomprensible que es la izquierda, y  que si no firmas a ojos cerrados tu adhesión a las filas de la derecha salvadora, eres un pobre mamerto incorregible, desagradable engendro de las vetustas filas de las huestes bolcheviques.

Pero bueno, ¿y yo qué?

Yo me digo a mi mismo que solo quiero ser poeta, escritor, novelista y ensayista, y dedicar mis días a las letras, al sentido profundo de la vida en mis escritos, a pensar en ámbitos sublimes, ávidos de profundidades ontológicas y verdades pletóricas de encumbrado pensamiento filosófico, que me permitan acceder a un mundo de alturas ya casi celestiales y lograr saber y entender que el mundo en que vivimos es mucho más que todo aquello que quieren creer esos perdidos, esos que se mueven en el incierto mundo de los “pasos perdidos” y que creen que ya lo saben todo, con sus luchas inciertas y sus metas de papel.

Ahora quiero solo intentar tocar el Universo con la punta de mis dedos y nada más, si es que lo permite la sabiduría… la sabiduría esa que viene con el paso de los años.

Gordon McAllister.


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